Este sentimiento de esperanza y de cambio, que existe en cada uno de nosotros y lo percibimos de manera individual, es en gran medida algo generalizado, porque generalizados son algunos problemas que afectan al conjunto de la sociedad. Uno de estos problemas tiene que ver con el tema de la conducta humana, aquello que pertenece al campo de la ética (Mitcham, 1996); y por consiguiente involucra el dominio de nuestras relaciones consigo mismo y con los demás seres humanos.
Pero esto es solo una parte del problema ético. Hemos cambiado el medioambiente de manera radical en los últimos cincuenta años, al punto de poner en peligro la existencia de la vida sobre la tierra; y esto también ha pasado a ser motivo de preocupación ética.
Los problemas ambientales no son producto de la fatalidad, están relacionados con las intervenciones humanas. Y estas presentan muchos componentes, no solo el económico, también el científico y el tecnológico, el político y jurídico, el social en su conjunto. Desde este punto de vista, hay que preguntarse por la naturaleza de las intervenciones o acciones humanas, es decir, por la forma como se originan y presentan dichas acciones con relación al medio ambiente. ¿Cuáles son las consecuencias previsibles a corto, mediano y largo plazo por estas intervenciones? ¿Y qué podemos hacer al respecto? Son preguntas inevitables en un análisis ambiental, y que la ética incorpora como manera de preguntarse sobre la conducta de los hombres con el conjunto de la biosfera.
LA ETICA.
El ser humano depende de un medio ambiente que ha dañado y maltratado con frecuencia, cegado por una idea de progreso. El resultado es una larga lista de problemas medioambientales: destrucción de la masa forestal, agujero en la capa ozono, cambio climatico, extinción de especies animales y vegetales, contaminación atmosférica, residuos tóxicos y radiactivos, etc. El poder sobre la realidad ha convertido a la moderna tecnociencia en una caja de pandoras con la posibilidad de destrucción humana y medioambiental. Esa amenaza hace necesario y deseable un control ético, y da inicio a la ética ambiental y de la bioética.Uno de los fundamentos de la ética dice que el fin no justifica los medios. De lo contrario, la necesidad de ganar dinero justificaría la venta de droga. Esta reformulacion moral de los medios hacia los fines afecta de lleno a los asuntos bioéticos, donde lo que está en juego es el respeto a la vida humana. De principio, conviene decir que, igual que una buena investigación policial no justifica la tortura, la investigación biomédica y sus posibilidades técnicas no están justificadas a cualquier precio. Hoy podemos apreciar un importante progreso en los conocimientos biomédicos sobre el origen, la naturaleza y las enfermedades, y tratamientos de la vida humana. Pero también constatamos el perfeccionamiento de las técnicas para manipularla y suprimirla. Ello ha supuesto el nacimiento de la bioética, ciencia encargada de estudiar las implicaciones éticas de estas técnicas. Entre otras, las que se emplean en la fecundacion artificial, los trasplantes de órganos y tejidos, los experimentos con embriones, los remedios contra la esterilidad conyugal, el aborto y la eutanasia, la esterilización y los cambios de sexo.
El primer principio de la ética ambiental es el de reciprocidad o mutua obligación por la interdependencia de los seres vivientes en un cuerpo cósmico (ecosfera) amenazado por la patogenicidad del cuerpo técnico (tecnosfera) o conjunto de organismos sintéticos que consumen energía y producen desechos desequilibrando el ecosistema natural.
La ética de la utilidad y el consumo es cuestionada como estilo de vida ecocida, por cuanto conduce a la creacion de ecosistemas artificiales desestabilizando a las demas.La filosofía ambiental inspira la utopía de una civilización ecológica e impulsa un nuevo proyecto político (económico y social) en la humanidad posmodema. Desde luego, se denuncia el peligro de la dinámica expansiva de la civilización industrial.
El concepto moderno de progreso cuantitativo -crecimiento material, expansión productiva, aumento del confort y de la población global, etc.- ha ingresado en un decisivo cuestionamiento (progreso no es un concepto que implique necesariamente un valor positivo: hablamos del progreso de una enfermedad, y el crecimiento desordenado es la filosofía del cáncer). Se propone un paradigma alternativo al paradigma de desarrollo tradicional, uno que eleve globalmente la calidad de vida, un desarrollo técnico con miras al crecimiento cualitativo, a la creación y preservación de las mejores condiciones humanas. La humanidad se enfrenta mundialmente a la tarea de planificar su propio crecimiento en función de sus condiciones naturales de vida, dañadas por la civilización industrial. Pero la cuestión ecológica tampoco se resuelve con una tecnocracia política o ecodictadura universal: hace falta la educación en una nueva ética civil o cultura moral, a partir de la naturaleza como proyecto axiológico.

figuras argumentativas en etica ambiental.
• Debemos señalar, en primer término, que nos encontramos con diversas imagenes o percepciones del mundo que en sí mismas no comportan todavía ninguna preferencia normativa concreta a favor de particulares mandamientos o prohibiciones, pero que predisponen a percibir, en un modo o en otro, los problemas y las contradicciones vinculadas al ambiente natural. Aquel que defienda una imagen precisa del mundo, verá algunos problemas morales como pertinentes o ilegítimos y quien defienda otra, cambiará las prioridades que debe defender.
• En un segundo nivel de concretización se sitúan las normas éticas concretasy los sistemas normativos que las legitiman. Estas proposiciones están estrictamente vinculadas con las imágenes del mundo a que nos acabamos de referir, pero no son tan dependientes de ellas como para tener que postular un vínculo intrínseco entre el primer y el segundo nivel. Así, por ejemplo, los adeptos a una imagen del cosmos que prevé un Dios creador, no necesariamente defienden las mismas opciones morales en el campo ecológico.
• En fin, en un tercer nivel, se sitúan afirmaciones, también con carácter normativo, pero que se distinguen por tener un carácter estratégico-político o normatividad jurídica. También este nivel está íntimamente vinculado a los otros dos, pero no se confunde con ellos, manifestando así su especificidad. Nuestra estrategicos, en este estudio, se concentrará, precisamente, en este tercer nivel, tratando de poner en evidencia sus peculiaridades, especialmente desde una perspectiva ética (59,60).
El debate ético-ecológico recurre constantemente a estos tres niveles de la reflexión, mediante confusiones y sobreposiciones que lo hacen siempre perfectible. Podemos constatar que muchas posiciones hoy imperantes en el debate público tienden a pasar muy velozmente desde el primer al tercer nivel, es decir, desde las imágenes globales del mundo a las estrategias jurídico-políticas, sin una mediación ética propiamente dicha. Por este motivo, la mayor parte de las sintesisde ética ambiental actuales(61) buscan ante todo proponer una tipología sobre los argumentos ético-normativos para caracterizar mejor la especificidad de la reflexión ética en este ámbito. Las retomo sintéticamente en una forma que se ha hecho casi "canónica", con la sola intención de informar y orientar, antes de pasar al centro de mis consideraciones y, por ende, a una reflexión sobre algunos componentes morales de las estrategias políticas y jurídicas.
• Con el término antropocentrismo se designa una visión del mundo en la cual se establece una diferencia de principio entre el hombre, como individuo y como especie, y la naturaleza que lo rodea. No obstante ser él mismo -a través de la propia corporeidad- parte de esta naturaleza, se diferencia de ella por la capacidad de formular y hacer de esta naturaleza una finalidad en relación con él. Esta relación de finalidad no excluye, sin embargo, que el hombre se encuentre en condiciones de formular deberes que tienen como posible objeto también la naturaleza circundante. Estos deberes, sin embargo, son legitimados a través de una referencia, directa o indirecta, a la finalidad antropocéntrica antes citada.
• Como biocéntricaes designada, en cambio, aquella concepción del cosmos en la cual no se establece jerarquía alguna, ni de hecho ni mucho menos de derecho, entre las diversas especies vivientes. Tal concepción es defendida por varios autores, pero es difícilmente "pensable" en las diversas manifestaciones de la vida cotidiana del hombre.• La posición pathocéntrica no sostiene, en línea de principio, una visión precisa del cosmos. Ella propone, en cambio, un criterio de decisión sobre el cual fundar y dirimir los conflictos normativos entre las exigencias de la vida humana y animal. Este criterio es individualizado en la realidad del dolor, que es minimizado donde quiera que él se manifieste, independientemente de la especia animal o humana a la cual el sujeto sufriente pertenece.
• La visión fisiocéntrica, por último, favorece una ética ecológica bastante cercana a la biocéntrica. Sin embargo, de manera específica es defendido un carácter sagrado de la naturaleza que la acerca a una visión animista de toda la realidad.
Todas estas posiciones no son, evidentemente, identificables en una forma "pura", sino en versiones más o menos "mixtas", en las cuales argumentos diversos asumen un peso más o menos decisivo. Los actores políticos que son llamados a legislar en el ámbito ambiental no podrán, evidentemente, echar mano a una única forma argumentativa(62), considerándola como prevalente en campo ético, sino que tendrán que tomar en cuenta que todo este terreno está en constante movimiento y no exento de problemas. Se puede intentar aquí una primera tipología:
• En primer término, existen problemas comunes a cada tipo de argumentación en ética ambiental. Como bien puede verse, cada vez que se habla de "vida" o de "dolor" o de "naturaleza", se usan estos conceptos en sentido fuertemente analógico, de modo tal que las consecuencias normativas no siempre son plausibles o fácilmente deducibles de similares categorías.
• Otros problemas se encuentran, en cambio, vinculados específicamente a las singulares orientaciones citadas más arriba. Así, las posiciones biocéntricas o fisiocéntricas no reconocen suficientemente el carácter estructurado y jerarquizado del ser vivo, inserto en un complejo mecanismo de seleccion de las especies en particular y piensan que es posible, tanto en los hechos como en los principios, defender una maximización de toda forma de vida, sin que las otras deban soportar daño alguno. Además, tales posiciones deben reconocer que el simple hecho de querer dar significado a fenómenos naturales, es imposible sólo a partir de una perspectiva particular como lo es, precisamente, la del hombre.
• La posición pathocéntrica, por su parte, tiene también dificultad para admitir el carácter analógico del concepto de dolor, que puede pasar del simple fenómeno fisiológico a una manifestación psíquica posible sólo en el hombre. Además, el factor dolor, si bien relevante incluso en una perspectiva antropocéntrica y valorado culturalmente de manera diversa según los contextos(63- 68), debe ser sopesado conjuntamente con otros factores también moralmente relevantes.

• La posición antropocéntrica, por último, no está para nada ausente de problemas internos. Ella se articula, en la literatura corriente, como posición de principio, olvidando tal vez que cada forma de antropocentrismo es siempre mediada simbólicamente. La relación que el hombre mantiene con el ambiente natural se formula siempre en términos metafóricos. A través de las metáforas damos significado a tal relación, conferimos valor a singulares formas de relación y gozamos, al mismo tiempo, estéticamente de ello.
Todas estas debilidades argumentativas llevan a una ulterior interrogante. ¿Debemos continuar construyendo un sistema de normas para regular nuestra relación con el ambiente natural a partir de un solo argumentoque haga, por así decirlo, de soporte de todo el edificio argumentativo, o bien debemos resolver los conflictos normativos caso a caso, escogiendo en el abanico de argumentos posibles aquéllos que en mayor medida nos parezcan convenientes? Debemos descartar tal alternativa, pues es insidiosa en ambas variantes, debiendo, más bien, buscar una respuesta mediana. Esta última, puede y debe orientarse a diversos principios, aunque relevantes en el contexto de los conflictos singulares, pero al mismo tiempo debe poder jerarquizarlos, para así legitimar las elecciones de manera plausible para la mayor parte de los interlocutores. ¿Qué significado puede asumir tal trabajo teórico para la actividad sociopolítica y para los actores responsables en los diversos sectores de la vida pública? Es lo que traté de evidenciar ahora, en la última parte de este estudio.
CONCLUSION.
Frente a la bioetica, hemos encontrado que una posibilidad de continuar con el avance del conocimiento, disminuyendo los efectos negativos sobre el medio ambiente, reside en la participación de las personas en procesos sociales que permitan cuestionar el tipo de ciencia y tecnología que se realiza, y que los gobiernos creen políticas públicas de ciencia y tecnología más acordes con las necesidades de una sociedad, una de cuyas necesidades es la protección del medio ambiente. El tema de la participación social, debe ser un objetivo de las sociedades democráticas. De otro lado, hay que promover formas de construcción de una actividad científica que incluya el análisis de los problemas ambientales de carácter global, cuando se trata de procesos en donde las decisiones se encuentran de cara a grandes incertidumbres, como por ejemplo la desaparición de un ecosistema o incluso de civilizaciones enteras o del planeta mismo.
Es probable que la gente del futuro sea más rica, pero heredarán un ambiente más degradado. En este sentido, la idea de equidad intergeneracional, como la base del concepto de sostenibilidad, se convierte así en un concepto básicamente ético, ya que busca no comprometer la capacidad medioambiental de las futuras generaciones. La ética del siglo XXI con relación al medio ambiente, debe continuar trabajando y extendiendo a todos los niveles de la sociedad y no solo al entorno escolar, el concepto de sostenibilidad, como un concepto básicamente moral. Y se trata de una ética del género humano, en el sentido como Edgar Morin (1999) lo ha señalado recientemente, aquella que reconoce la triada individuo-sociedad-especie, para asumir la misión antropológica del milenio:
-De trabajar para la humanización del planeta
-De obedecer a la vida, guiar la vida
-De lograr la unidad planetaria en la diversidad
-De respetar al otro, tanto en la diferencia como en la identidad consigo mismo
-De desarrollar la ética de la solidaridad
-De desarrollar la ética de la comprensión
-De enseñar la ética del género humano
No hay comentarios:
Publicar un comentario